[Hay un dolor en el alma y rabia en el pensamiento,
hay una pena que roe con rabia los sentimientos,
pero nada es imposible, ni nada ha de ser eterno,
ni dolor que mate al hombre, si es firme su sentimiento].
hay una pena que roe con rabia los sentimientos,
pero nada es imposible, ni nada ha de ser eterno,
ni dolor que mate al hombre, si es firme su sentimiento].
Creció el árbol con tristeza acurrucando sus ramas,
y con las gotas de lluvia que sus ojos derramaban,
fue dando vida a los frutos con el calor de su alma,
pero el viento, pensamiento, se fue llevando las ramas,
las más fuertes y seguras del árbol su fuerza y gala,
le quedaron las más tiernas, las que casi ni, asomaban
a la copa, que hasta el cielo, orgulloso se lanzaba.
El viento volvió a soplar ayudado por la grava,
lanzándole sus soplidos, para arrancarle les ramas,
las más tiernas que quedaron, las que mas alto llegaban.
Llamó a las nubes y al trueno, le lanzó rayos de plata,
si su soplido era fuerte, más fuerte en el tronco estaban,
y más dulces dieron sus frutos, con la virtud de la calma,
Las nubes pasaron cerca, sin una gota de agua,
El viento seguía soplando esta vez con menos garra,
solo se fue convenciendo, que por mucho que soplara,
aquel árbol seguía enhiesto, luciendo con paz sus ramas
y con las gotas de lluvia que sus ojos derramaban,
fue dando vida a los frutos con el calor de su alma,
pero el viento, pensamiento, se fue llevando las ramas,
las más fuertes y seguras del árbol su fuerza y gala,
le quedaron las más tiernas, las que casi ni, asomaban
a la copa, que hasta el cielo, orgulloso se lanzaba.
El viento volvió a soplar ayudado por la grava,
lanzándole sus soplidos, para arrancarle les ramas,
las más tiernas que quedaron, las que mas alto llegaban.
Llamó a las nubes y al trueno, le lanzó rayos de plata,
si su soplido era fuerte, más fuerte en el tronco estaban,
y más dulces dieron sus frutos, con la virtud de la calma,
Las nubes pasaron cerca, sin una gota de agua,
El viento seguía soplando esta vez con menos garra,
solo se fue convenciendo, que por mucho que soplara,
aquel árbol seguía enhiesto, luciendo con paz sus ramas
© Nana Smith.

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