Por momentos el mundo se me hundía, el sol aplastaba mis sentidos y a pesar de su calor, sentía un frío que calaba mi cuerpo por completo, ya nada importaba o...sí, buscaba soluciones, salir de alguna manera de aquel caos que cambiaba mi entorno por completo, ¿era yo o el mundo estaba en contra mía?.
Lo se, se que siempre he sido o...he querido ser auto suficiente, que no necesito a nadie, pero a la vez necesito el calor de los demás, sentirme querido, útil y esto me lleva a un camino pedregoso, lleno de obstáculos, que si bien soy capaz de superar, en muchas ocasiones me ocasionan dolor, un dolor del que soy incapaz de salir y lo guardo en mi interior y corroe lentamente mis entrañas, lo almaceno en un rincón, no soy capaz de eliminarlo y él sigue ahí silencioso ahondando en mi alma y en mi mente, destruyendo pensamientos, sentimientos rotos, alegrías que podrían proporcionarme el tan ansiado bienestar, un estado que llega por segundos para desaparecer como la niebla que nace en las mañanas frías, ocultando la belleza de los montes o de las ciudades, así se ocultan mis sentidos.
Me analizo, expongo en un lado mis valores, que ocupan un lugar extenso, mis defectos que son muchos, aunque me esfuerzo en corregirlos y...pienso, ¿me habré equivocado en mi labor? quizá en mi afán de mejorar ¿borré virtudes y acumulé defectos?
Mi mente vuelve al caos a la anarquía, se debate entre estar en tierra firme, o volar temeraria por el acantilado de los sueños, ese que en sus escarpadas laderas, deja crecer ansias de venganza, deseos de paz, pero estos últimos crecen en el fondo a ras de agua, imposible llegar, mis alas se cansan, pierden su fuerza volando por los imposibles y no alcanzan el fondo de ese acantilado donde me empeñé en sembrar sin pensar, que no es el mundo diferente, que soy yo quien no encaja en ese mundo.
Intento coger el tren que me lleve a través de la niebla a ese lugar, donde todo es como siempre fue, imposible, resulta demasiado costoso, los años no han pasado en balde y la huella que marcaron en mi, es demasiado lacerante para nuevos cambios y entonces...siento mi cuerpo en la vieja mecedora, balanceo suavemente, con la mente abierta intento caminar de nuevo, abrir nuevas sendas, que no se donde puedan llevarme, pero que seguro me transpotaran aunque solo sea por segundos, al lugar donde duermen los sueños que nunca cumplí y que ya no pueden volver a mí
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