Mi 2º poemario

Mi 2º poemario

jueves, 10 de noviembre de 2016

LAS DOS MUCHACHAS.

Pedro Jesús Cortés Zafra


Dos muchachas solas van, bajo el sol de agosto espeso, bajo el cielo, en plena tarde. Todo el mundo las señala,... ¡pero se les ve felices!. -¿Será posible sea cierto lo que en el pueblo se dice? -¿Qué dicen “lenguas de víboras” de esas pobres infelices? -¡Que nadie vaya a su casa porque trae mala suerte! Dicen que siempre ese sitio ha sido un lugar de muerte... Un palacete precioso que anduvo deshabitado, en las afueras del pueblo, dicen que se han alquilado. Nadie les habla, ¡ni adiós!, porque viven en pecado. - ¡Madre del amor hermoso! ¡Cuánto bicho deslenguado! -Dicen que tiene fantasmas esa casa estrafalaria. -¡¡¿Fantasmas?!! Debía tenerlos y que a los dueños arrastraran si existieran los espíritus y toas esas cosas raras. -Madre, no diga usted eso, que no vayan a escucharla. -Pero puen estar tranquilos porque por suerte para ellos esas cosas son mentiras que, a veces, inventa el pueblo. La verdad de la cuestión es que en un tiempo, allá lejos, los que tienen esa casa mataron, un día, a sus dueños. Les acusaron de rojos y de no ser “patrioteros”. Los mandaron fusilar y la quedaron para ellos. Luego la conciencia manda y nunca vivieron dentro. Y quisieron alquilarla, pero la gente del pueblo hablaba ya de fantasmas, como excusa y por respeto por la vergüenza torera que se les debe a los muertos. -Y estas pobres muchachas venidas desde allá lejos la encontraron muy barata y por eso viven dentro. -Y están sembrando de amor un territorio desierto. Una es de rubio platino, la otra de pelo moreno con lindos tirabuzones y grandes ojazos negros. Ningún hombre las visita, juntas siempre van al pueblo cogidas por la cintura y miradas de ojos tiernos. Hablando siempre entre ellas se les ve siempre riendo. Irradian felicidad y las comadres del pueblo dicen al verlas pasar que en pecado están viviendo. -¡Ahí van esas machorras! afirman ya con desprecio. Hacen ellas oídos sordos, porque les importa un bledo lo que las cuatro amargadas vayan diciendo en el pueblo. Trabajan desde su casa con Internet y teléfono a varias empresas grandes les llevan el papeleo. Pasaron por el juzgado a ser pareja de hecho, una con vestido largo de blanco nardo campero; la otra llevó pantalones color de jazmines nuevos y camisa con chaqueta blancas con encajes nuevos. Vinieron gente a la boda pero ninguno del pueblo... -¡¡Niña, ¿sabes lo que digo?!!: Prepárame unas naranjas y el canastillo de huevos que yo voy a visitarlas porque quiero y porque puedo, que a mí no me da la gana que me quiten el deseo de tratar como personas a dos corazones buenos. Si critican, que critiquen, que yo sabré responderlo. Pedro Jesús Cortés Zafra.

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